Cada quien elige el libro que quiere leer ¿No es así? Las razones que nos llevan a ello son siempre bastante peregrinas: título, comentarios en contraportada, autoría reconocida, diseño de portada, lectura previa, recomendación amistosa... todo igual de importante como también igualmente fortuito. El hecho es que aquí lo tenemos ahora, entre nuestras manos, exactamente ese libro y ya está, vamos a comenzar a leerlo ¿Ya está? Leer puede ser una experiencia cotidiana y, al mismo tiempo, ejemplar, única, excepcional.
Es fácil encontrar a personas que leen en el tranvía, el metro, la guagua, en las salas de espera de los centros de salud, en la playa, en una cafetería. Todas ellas, repito, han elegido el libro que hasta allí llevaron. Sin embargo es posible preguntarse si ese lugar es el lugar "correcto" donde leer justo ese libro. Hace unas pocas semanas, Domingo Acosta Felipe, poeta y amigo, me comentó que él procuraba leer siempre al aire libre los libros de poemas que le interesaban. Los sacaba de la estantería de su biblioteca, los metía en la mochila y se acercaba al bosque, a la costa, a un parque. Allí los lee.
Ahora tengo entre mis manos Pobreza (Editorial Calambur. 2013), nuevo libro de poemas de Viktor Gómez. Me traje el libro desde Valencia, regalo del propio Vik, hace ya varias semanas. Lo he hojeado y en un par de ocasiones lo he abierto con la intención de comenzar ya a leerlo pero, por alguna razón que se me escapaba, aquel impulso desaparecía y volvía a dejarlo en mi mesa de noche. Hasta hoy.
No ha dejado de llover en todo el día. Ha sido una lluvia persistente pero poco densa, que se deslizaba ante los ojos en un leve lienzo gris. Aún así, salí esta mañana a caminar. Y mientras callejeaba por la pequeña ciudad en la que vivo, de nuevo volvió a mi la necesidad de leer Pobreza. Esta vez sin embargo descubrí por qué no había podido adentrarme en el libro. "Intemperie"; me alcanzó esta justa palabra bajo aquella lluvia leve pero constante. De alguna manera algo me dice que el libro de Viktor Gómez ha dispuesto ser leído en un afuera desguarnecido. Sí, a la intemperie.
Sólo me queda elegir el lugar, el descampado incómodo pero preciso que este libro me reclama. Ya contaré cómo me ha ido con los poemas en ese lugar suyo.
